Bueno, aca posteo un cuento del amigo Hipogeo, esta en la computadora hace… más de un año (junto a muchos más). No se si este es el nombre, pero es con el que estaba guardado.
Gor
Había entrado en su habitación, él muy bien lo sabía: había visto su silueta deslizarse por entre la puerta y el gran placard de roble, que apenas si se podía divisar por la oscuridad que reinaba y que sólo intentaba ser destronada por una tenue luz lunar que se escabullía a duras penas a través de los pequeños agujeros de la persiana ligeramente cerrada de la ventana. Sabía, sabía muy bien que se encontraba bajo sus pies, entre las patas de la cama, y que podría escalar el acolchado para subirse, o bien podría escurrirse por debajo de ésta y llegar a donde sus fríos pies se encontraban para obtener un poco de calor.
Ya había entrado en su cuarto, se encontraba entre esas cuatro paredes al igual que él. Quiso tomar un vaso de agua para relajarse, lo tenía en la mesita de luz a su lado, pero tenía miedo de sacar la mano de debajo de sus sábanas, cubiertas por un espeso acolchado, que le brindaban una falsa y cálida seguridad.
Decidió dormir y dejar de pensar, ya había estado en ésta situación anteriormente y nada había pasado. Intento voltearse, pero un peso muerto en sus piernas no lo dejó. Allí estaba, sobre sus piernas, no podía distinguir siquiera su silueta en la oscura pieza, pero podía sentirlo, estático, sin moverse. El pánico lo invadió, se quedó quieto, con miedo de incitarlo a cualquier tipo de reacción. Podía sentir su mirada, fija en él.
Sus ojos eran penetrantes forjas vigorosas en el fondo de un abrupto abismo hosco y sórdido… aguardaban ardorosos, circunspectos, aterradores y calmosos a su vez. Una gélida caricia hurgó su corazón rasgándolo con la fineza y complacientemente dulce melancolía con la que se desgaja una esquela de un amor sepultado prematuramente… y el chillido que emanó de sus labios purpúreos por el coagulado pánico, encarnaba el mismísimo sentimiento de desesperada sazón estrambótica, de quién sepultado prematuramente, yace y espera vanamente no fenecer.
Su respiración ahogaba en su oportuno eco, y tras sus ojos extasiados, atónitos, inyectados en consternación desesperada, yacía una eterna tundra gélida, donde el amor y la Muerte se abrazan, una esfera donde se engendraba un no lugar, donde la relatividad del tiempo no es recíproca hacia la relatividad espacial… Una comarca ofuscada donde las sombras se mueven lentamente y no hay mayor sonido perceptible que el de un susurro constante a coro de una respiración entrecortada, un estertor susurrante. Sólo era perceptible el hedor de su terror impregnando el aire cual almizcle punzante…
Sobre las paredes se deslizaban tonos monocromáticos, escalas de azules pálidos intercalándose de forma descendente, que ninguna mano hubiese podido recrear ni siquiera en la magnificencia del impasto. La ventana seguía en su estado normal, pero esta vez la luz que entre sus rendijas se infiltraba sagaz, adoptó mimetismo para con los cromos presentes en los muros.
Azul, celestes, pálidos, albinos… Un susurro jadeante bajo la almohada… Cada vez más fuerte, ¡Cada vez más persistente!
Respiró hondo intentando mantener la calma. Cerró fuertemente los ojos esperanzado y volvió a abrirlos.
¡Quién hubiese imaginado dicha escena de terror! Sobre los cerúleos muros, estampado estaba la obra lírica del supremo signo de martirio, penurias y desolación… Un símil a un diario de un esquizofrénico… ¡Un réquiem para las tinieblas de la mente!…
“¿Qué es la razón, dónde comienza la locura?” – Rezaba el texto más resaltado.
El susurro lo perseguía desde el fondo de la almohada, repitiendo la frase hasta que el sonido dejaba de tener sentido suelto ya en el aire y propagado tantas veces como una enfermedad.
“¿Qué es la vida, un mero derecho inalienable?” La respiración entrecortada era cada vez más rápida, los latidos del corazón marcaban cada segundo de vida que drenaba la inanidad y su frenesí demoníaco. Inerte… espantosamente inmóvil respiraba… inmutable… hundiéndose en el tumultuoso océano negro aterciopelado que erigían sus robustas mantas.
El susurro era un estruendoso aullido que clamaba desde lo profundo de los Reinos Olvidados… clamaba llevar lo que le pertenecía.
“¿Qué retenciones encuentra el alma una vez libre del manto de carne que le impide filtrarse entre las rendijas de su prisión?… ¿Encuentra acaso rendijas en un cofre de oro?” – Respiraba pocas cantidades, exaltado… muy rápido e intolerable. La presión ejercida en la caja torácica lo obligó a jadear, y el aullido de terror que lanzó fue tal, que surcó la habitación apagando el fuego fatuo refulgente en los ojos del Destino… Se acercaba… sus ojos fraguaron en su corazón el terror de la inminencia del final sosegado.
“El amor os ha enterrado prematuramente” – Respiró hondo. Intentó afirmar su cabeza. ¡Él se acercaba a su cama cada vez más!.
“¿Qué es la Muerte sino…?” – Apresuró un último chillido.
El vaso yacía en el suelo. El agua esparcida. Un frasco plástico…
“Lo encontré en esta mesita de luz, junto al vaso roto en el suelo” – Dijo la empleada doméstica alcanzando a su segundo un frasco de barbitúricos.
Fin
Adios.
7 comentarios
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Y ESE MI YO DIGITAL...







Sorry, ni ganas de leer
paso solamente a dar señales de vida
xq toy 0% pc ultimamente
pero bueno, un besote =P
bueno se ma hizo demasiado denso y no lo termine de ver…demasiadas deescripiciones de todo..
chau
yo pude firmar
bueno jaja yo lo pude leer y es verdad que ABUNDAN las descripciones jeje pero bueno que se le va a hacer aca el artista es topa jajaja… igualmente estuvo bueno especialmente el final……
Pasaba a mirar los colores xD
i me voi a estudiar matematica
besitooo
(aunq no me saludes x la calle)
No me castigues con eso. No me di cuenta que eras vos.
hola
cmo va toppa?la verdad q re buena la histori…
bueno
pasando
suert
nos vemos
segui escribiendo asi man
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